MONTAÑISMO
Alaska 2018
Por: Daniel Araiza by Línea Directa
Publicado el día 21 de Junio del 2018
El vuelo a campo base es espectacular. Despegas de Talkeetna y empiezas a adentrarte rápidamente en la cordillera rodeándote de inmensos glaciares y grandes paredes de granito para aterrizar en el SE fork del Kahiltna Glacier. Al sur, el imponente espolón norte del monte Hunter cubierto de nieve por las duras tormentas de las últimas semanas. Si se presentase la oportunidad, la intentaríamos escalar antes de partir hacia nuestro objetivo principal: la arista Cassin en la cara sur del Denali. Una vez aterrizando, cavamos nuestro campamento en la nieve y comenzamos a adaptarnos a la vida en el glaciar.



Para las primeras escaladas iríamos en cordada de tres: Max, Carlos y yo. Aprovechamos las ventajas de ir tres y eficientamos las desventajas. La primera ruta que elegimos para empezar a probarnos en el hielo alaskeño fue “Bacon & Eggs”, salimos en dirección a la ruta sin una foto ni mucha referencia, pero con muchas ganas de escalar. Llegamos a lo que creíamos era el pie de vía y Max comenzó a escalar. Aunque teníamos un rato de no escalar en hielo, después de algunos metros de ir colocando piolets y crampones en la pendiente comenzamos a readaptarnos al entorno. Avanzamos asegurando cada largo y cada quien punteaba uno para entrar en confianza con el terreno y seguirnos conociendo como equipo en la pared. Escalamos 7 largos de cuerda hasta donde la inclinación y las complicaciones de la ruta disminuyeron y comenzamos el regreso al campamento.




Un día de descanso y estábamos listos para otra escalada. El Hunter no estaba en condiciones y parecía que no iba a estar por la siguiente semana, así que nos hicimos a la idea de escalar algo más y elegimos la “Mini-Moonflower”. Esta vez la escalamos por bloques, cada quien lideraría 3 largos de cuerda fomentando la fluidez de esa concentración y actitud necesaria para ir marcando el ritmo. Comenzó Carlos, quien sólidamente escaló su parte y sacándole provecho a la cuerda de 70 metros escaló toda la rampa inicial. Le seguí yo por coladores de hielo que cada vez inclinaban más y encaminaban a la base del crux: un segmento de hielo en extraplomo que hacía chimenea con el granito. Con una pierna en la roca y otra en el hielo avanzaba por hielo delicado y poco protegible. Un grito de emoción, disfrute absoluto. Escalamos un largo más y de nuevo tomamos la decisión de bajar habiendo pasado las mayores complicaciones. Rapeleamos mientras atardecia.





Para probar una ruta como el espolón norte del Hunter es necesario que varios factores coincidan, lamentablemente durante los días que teníamos destinados para ello, no se presentaron. Así que empezamos a mentalizarnos para continuar con los siguientes objetivos: aclimatar y subir la pared sur del Denali por la arista Cassin. El plan era simple, hacer un ascenso al campo de los 14 mil pies (4,400 msnm) desde donde buscaríamos hacer cumbre por la West Buttress y, en cuanto el clima lo permitiese, salir hacia la Cassin.

El 25 de mayo llegó Diego y ese mismo día dejamos que bajara un poco el sol y salimos hacia el Denali. Había olvidado lo tedioso que resulta cargar la mochila de expedición y arrastrar el trineo con comida para 20 días. Parecíamos cuatro hormigas diminutas moviéndonos en línea entre las montañas y valles helados. Rodeados de este escenario, es fácil olvidar las deudas en casa, el ruido de la ciudad e incluso el peso en la espalda y caer en un ambiente de plenitud.


Al tercer día de haber salido de CB llegamos a C4, tomamos un día de descanso y al día siguiente salimos a cumbre. 




Esta vez saldríamos Max y yo con dos buenos amigos chilenos con quienes coincidimos desde Anchorage: Nico y Pipe. Tomamos el “Rescue Gully” (Ruta que sube directo de C4 a C5 sin pasar por las cuerdas fijas de la West Buttress) y al llegar al C5 Max se dio cuenta que un par de ampollas le impedían continuar y un “sigan ustedes” marcó la situación. Podía verle sus ganas por continuar pero muy inteligentemente no quería hacerse más daño para el resto de la expedición. Unas horas después hacíamos cumbre en muy buenas condiciones.





Un par de días más tarde Max salió hacia cumbre sólo para seguir con el plan de terminar de aclimatar. Después de 8:30 horas estaba de regreso en los 14 (C4) y celebrábamos su ascenso express. Al día siguiente Nico y Pipe salieron hacia la Cassin y uno después Carlos y Diego alcanzaron la cumbre por la normal. Por mi cuenta, había agarrado un virus que me trajo un resfriado y no me sentía listo para embarcarme en la Cassin. La ventana de clima estaba allí, pero no la podía tomar en esas condiciones; bajé mil metros a C3 (3,300 msnm) para recuperarme lo antes posible. Ahí conocí muchos latinos a quienes les agradezco sus diferentes métodos para combatir el resfriado: dientes de ajo, limones, jengibre, té, baños de vapor, etc.. Después de 6 noches mejoré y subí junto con Max a C4 quien había bajado en skis a saludar por segunda ocasión.

Por decisión personal Diego se había bajado del plan de intentar la Cassin con Carlos, no se sentía a la altura de la ruta y la infección en sus vías respiratorias tampoco se lo iba permitir, así que sabiamente desistió. Esto dejaba a Carlos sin la oportunidad de intentar la vía, su frustración era obvia y dándonos cuenta de que lo que importaba era escalar la via y divertirnos, lo invitamos a unirse a nuestra cordada. Esta decisión cambiaba los planes de Max y míos de intentarla en uno o dos días e intentarla como un equipo de tres. Dividimos la ruta en bloques, planeamos quien puntearía cuál, dónde derretiríamos nieve, dónde pasaríamos la(s) noche(s), nos tomaría dos días y medio descender por la West Rib después por la Seattle ramp hasta la base de la Cassin, escalar la vía hasta a la cumbre y de vuelta a C4. Armamos mochilas y nos dispusimos a esperar la ventana.

Esperamos una semana más. Días con fuertes vientos congelaron las laderas de la montaña, más tarde días de precipitación las cargaron con más de un metro de nieve fresca, combinación ideal para avalanchas y desprendimientos. Nos preocupaba mucho el acceso a pie de vía y nos dimos cuenta que el nivel de riesgo que estábamos aceptando al entrarle así era algo irresponsable que podría tener como consecuencia una experiencia épica o un accidente. Esto cambiaba un poco las reglas del juego.

Personalmente me di cuenta que tenemos que tener mucho cuidado cuando buscamos metas que nos exigen todo lo que está en nosotros para poder alcanzarlas, pues si las condiciones no son las ideales, simplemente no la cuentas. “No queremos bajar con las manos vacías pero queremos regresar con manos” fue una frase que se me quedó grabada de una de las conversaciones sobre si aprovechar o no una ventana de día y medio (seguida de la entrada de una tormenta con vientos de 144 km por hora, de acuerdo al servicio meteorológico). Como montañista, el tener una meta te exige una inversión de varios recursos, preparación, planeación y dedicación, no poder intentarla puede llegar a ser muy frustrante y puede llegar a no depender de ti. En este deporte la cancha no siempre está lista y no hay un silbato que inicie o finalice el partido.

Que la montaña te abra las puertas y que estés listo para intentar escalarla es algo único. Si estás listo para subirte al tren es cosa de hacer lo que mejor sabemos hacer y disfrutar el paseo. Si no estabas listo es porque tienes que pulir y aprender algo. ¿Qué es ese algo?, no estoy muy seguro pero ya identifico algunos errores y cosas por mejorar y así, estar listo para la siguiente vez que pase el tren.

De parte de todo el equipo queremos agradecer muchísimo a nuestros patrocinadores que sin su apoyo estos intentos no se podrían llevar a cabo. No pudimos escalar nuestros objetivos principales pero seguro que aprendimos muchísimo como personas y como alpinistas y seguiremos aprendiendo de esta experiencia. Lo que si les podemos asegurar es que alimentaron un hambre difícil de satisfacer: nuestra pasión de subir montañas y probar lo que es posible, llevándonos a soñar con nuevas metas.

También queremos agradecer mucho a nuestro “campo base” en México, Elsa Ávila, por hacer todo lo posible para llevar a los que nos siguieron en estas semanas a vivir esta experiencia nuestra y de ustedes. También agradecemos a Freeman Outdoors por darle difusión al proyecto y ayudar con las entrevistas en vivo asi como a Hector Ponce de Leon por ayudar con el pronóstico del clima.

Personalmente quisiera agradecer a Pedro Lcw y Diego Wynter, mentores, fundadores de la Linea Directa pero sobre todo buenos amigos. Agradezco su motivación antes, durante y después del viaje. Y para terminar quiero agradecer a las 3 personas con las que compartí esta expedición por entender mi situación de no estar preparado para intentar la vía y por tan buena experiencia pese a las condiciones. ¡Que vengan muchas montañas!
INFORMACIÓN TÉCNICA
INFORMACIÓN TÉCNICA
¿Tienes algo que decir? ¡Coméntalo