DE VIAJE
CICLOTURISMO. RUTA SAN ANDRES RIVA PALACIO – SACRAMENTO, CH.
Por: Antonio Ordóñez García
Publicado el día 28 de Mayo del 2018
En un afán de búsqueda de satisfacción en el pedaleo, sin importar la distancia a recorrer, ni mucho menos el tiempo empleado para llegar a destino, más bien por dónde se pasa y cómo rodar el camino, se exploró esta ruta trazada por nuestro amigo Fabián Hernández, quien me hizo la invitación para compartir esta interesante aventura.  El trabajo previo para este tipo de ciclismo es muy importante, ya que deben estudiarse mapas, lugares, formas de comer y dormir, reuniendo la mayor información posible, alistando el equipo a utilizar y la misma bicicleta.  A pesar de no ser una actividad competitiva sino recreacional, es de suma importancia entrenar para llegar en forma al rodaje.


Antes de comenzar a pedalear.

El viernes por la mañana salí de casa en mi bici, con el equipo listo y montado, para dirigirme a la central camionera de Delicias, un recorrido de unos 5 km para llegar y comprar el boleto.  La gente en la estación me observaba con cierta curiosidad, pues llevaba puesto zapatos de clip. Short con licra abajo, jersey y casco, además de una bicicleta con parrilla trasera cargada con una bolsa y sleeping, sin faltar una mochila de 20 lt que llevaba en mi espalda con bolsa de hidratación de 2 lt de capacidad.  A las 12.30 llegué a la central de la ciudad de Chihuahua, dónde me encontraría con Fabián, él venía de Ciudad Juárez y llegaría hasta las 13.30 hrs.  Willy me estaba esperando, y al verme llegar con la bicicleta a un lado y el disfraz que portaba de inmediato preguntó si era la persona que haría el recorrido con Fabián.  Nos presentamos, Willy nos llevaría en su camioneta hasta San Andrés, donde comenzaríamos a rodar la ruta.  

Tuvimos una charla franca y muy amena mientras se pasaba el tiempo de espera.  Una vez que Fabián estuvo con nosotros, subimos las bicis en la caja de la camioneta dirigiéndonos a San Andrés, a donde llegamos alrededor de las 16.00 hrs.

San Andrés Riva Palacio

Con una población de 662 habitantes según el censo de INEGI en 2010, y ubicada a una altura de 1760 m.s.n.m., se fundó como Misión en 1696 y nombrada San Andrés de Osarguriqui por el franciscano Fray Alonso de Victoriano, con el propósito de evangelizar a los indígenas que habitaban el valle.  

Su templo actual comenzó a construirse en 1860 y se terminó en 1896 después de sufrir varios saqueos y ataques de los apaches. Fue en este lugar donde nació Luz 


Corral un 2 de junio de 1892, quien fue esposa de Francisco Villa, y fue en este mismo sitio donde se celebraron sus nupcias el 28 de mayo de 1911, por lo que cada año se representa dicho acontecimiento y muchos visitantes acuden a la celebración.

 
Partimos rumbo a Sainápuchi por un camino de 40 km entre la sierra de San Andrés, los primeros 8 km son por asfalto con una pendiente muy suave, pero al llegar a la terracería, aunque el camino se encuentro muy conservado, la pendiente es muy pronunciada.  


El ascenso total fue de 1,041 m. en un trayecto de 23 km, la sierra nos ofreció unos paisajes increíbles entre voladeros, cañones, formaciones rocosas y bosque de pino-encino.  La elevación máxima que alcanzamos ese día fue de 2,260 m.s.n.m.  El descenso acumulado fue de apenas  634 m.  No tuvimos fauna a la vista, a excepción de algunas aves y ganado vacuno, aunque en la zona habitan jabalíes, venados, coyotes, linces y oso negro.  Mientras rodábamos el sol se puso y continuamos unas 2 horas ayudados de lámparas frontales hasta llegar a nuestro destino. 


Sainápuchi

Vocablo tarahumara que significa “lugar de espías”, tiene una población de 263 personas (INEGI 2010) y está ubicado a una altitud de 2,116 m.s.n.m.  Es la entrada al Cañón del Maíz, que tiene ese nombre por la leyenda sobre el apache precursor en el cultivo del grano, retando el tipo de clima y tierra del lugar, totalmente incompatibles a la cosecha.  

Llegamos alrededor de las 21.00 hrs., y parecía un pueblo fantasma, a excepción de los perros que nos ladraban al pasar junto a sus casas.  Solamente algunas luces en el interior de las viviendas permanecían encendidas, pero no se percibía persona alguna.  


Nos encaminamos al Cañón pues era la referencia que teníamos para acampar, y mientras nos acercábamos la total penumbra nos envolvía, pues el alumbrado público no llega hasta allá.  En la entrada existe un arco de mampostería con algunas indicaciones para los visitantes, pero no tiene puerta o reja, así que pasamos hasta que encontramos una construcción con techo de lámina y muros hasta la altura de las ventanas, pero sin terminar, donde hay un gran asador que al parecer utilizan con frecuencia ya que había rastros de leña carbonizada.  Montamos el campamento y Fabián cocinó comida deshidratada y macarrones con queso, platicamos un rato y nos fuimos a dormir acompañados por los sonidos de la noche.

Fue hasta el amanecer cuando nos dimos cuenta que nos encontrábamos en el interior del cañón, rodeados de formaciones rocosas y bosque.  Levantamos el campamento, desayunamos avena, disfrutamos el paisaje unos momentos y nos dirigimos al pueblo a buscar una tienda para abastecernos de agua, comprar un pan dulce y un yogurth, y seguir nuestro camino.  Nos esperaba la jornada más larga de la expedición.   

     


Los Campos Menonitas

Parte del segundo día lo utilizamos para atravesar el Campo 70, donde se encuentra la empresa Lácteos Menonitas la cual produce 24 toneladas diarias de queso.  


Fundada en 2002 por Peter Dyck Friensen, Jacob NeufeldDyck y Cornelius Wiebe Loewen, compite contra grandes empresas cuauhtemenses para ser la mayor fuente de trabajo de la región. 

Es evidente que los Menonitas llegan a un lugar a trabajar y producir, pues los 30 km que recorrimos entre los campos, nos encontramos solo con tierras de cultivo, con casi ningún árbol.  Me imagino que algún tiempo atrás esas tierras estuvieron llenas de pinos y encinos, así como grandes pastizales donde los búfalos y el ganado vacuno transitaba a sus anchas, ya que en algún momento fue ruta apache durante sus incursiones por tierras chihuahuenses.  El ascenso fue de unos 200 m hasta que llegamos al pie de la sierra de Majalca y donde se encontraban las últimas casas menonas.  Ahí recargamos agua para ir con depósitos llenos y comenzar a atravesar la serranía.

Cumbres de Majalca

Fue la parte del recorrido que más disfruté, no sé si porque la pasamos de día totalmente, o porque sabía que teníamos tiempo suficiente y no tendríamos que rodar de noche nuevamente para montar el campamento.  


Además, los paisajes fueron de ensueño, entre el bosque de encino inicial que poco a poco fue cambiando a pinos, las formaciones rocosas pintadas de verde que fuimos encontrando, dos presones que se integraban armoniosamente al entorno, y el canto de las chicharras que nos acompañó durante todo el trayecto hasta que llegamos a la parte más alta del recorrido, a 2,360 m.s.n.m.  Sin duda había partes más elevadas por las que el camino no pasaba, pero supongo que en algunas se pasaba fácilmente de la cota de los 2,400.  


La ganancia positiva sumo 997 m. mientras que la negativa fue de 1.041 m. en 36 km por la sierra de Majalca.  Esta zona es parte de la reserva hidrológica del estado,  su captación pluvial alimenta al río Huerachi que desemboca con el Santa Isabel el cual converge con el Río San Pedro.  Majalca es un bosque en donde se han practicado por mucho tiempo actividades como el senderismo, la escalada en roca y el campismo.  Nuestro plan original era acampar en un ejido llamado “El Sandillal”, a unos 10 km de Soledad, pero cuando llegamos a éste,  solo encontramos unas cuantas casas, la mayoría de ellas abandonadas, y la otra parte deshabitada.  Es una comunidad ejidal que se dedica al ganado, y no encontramos más que a un hombre cortando leña.  Al llegar al entronque con el camino que se dirige a Majalca, pasaba una camioneta con 3 rancheros y un remolque lleno de pacas a quienes paramos para preguntar si sabían de algún lugar donde pudiéramos recargar agua.  Amablemente nos ofrecieron de la suya y nos regalaron dos refrescos fríos que en ese momento nos cayeron de maravilla.  Yo no estaba muy seguro de quedarme ahí a dormir, así que le insistí a Fabián para seguir hasta Soledad y armar el campamento en la entrada del cañón Sal si Puedes.  Así que pedaleamos 9 km más y con luz todavía llegamos a la tienda de la comunidad, compramos agua, armamos el campamento, cenamos con el cielo cubriéndose de estrellas, Fabián contó unas charras de terror, y nos acostamos para recuperar energías para el día siguiente.  Por la mañana el ladrido de un perro hacia un caballo nos despertó, el sol estaba saliendo a la espalda de la pared del cañón que habíamos utilizado como campamento.  El olor a pino era intenso, y después de hacer lo que uno  hace al levantarse, el desayuno quedó listo y lo degustamos mientras cambiábamos impresiones del recorrido del día anterior.  Faltaba la última parte del recorrido, así que levantamos campamento y nos pusimos en marcha. 


La jornada final

El tercer día de nuestra aventura constó de  35 km con un ascenso acumulado de 290 m. y un descenso acumulado de 890 m. El punto más alto fue el mirador del Parque Nacional Cumbres de Majalca, donde nos detuvimos para tomar unas fotos.  Pasamos por el ojo de agua, punto obligado para beber, y sitio donde acampan muchas personas.  


Esta parte de la ruta ya la conocíamos así que la pasamos lo más rápido posible, solo hicimos otra parada en la tienda de Nuevo Majalca para tomar un jugo y hacer que nuestros niveles de glucosa subieran.  Llegamos a la caseta de Sacramento a las 13.00 hrs donde concluimos nuestra expedición de tres días sin contratiempos, cansados y muy satisfechos.

INFORMACIÓN TÉCNICA
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